¿Podemos hacer del mundo un lugar mejor? —Tu misión, tu visión

Lucía Irureta
Lucía Irureta

Sinceramente, nunca pensé estrenar la primavera con un titular así.

Mi idea era escribirte un artículo con cuatro pautas o consejos para que sepas trabajar tu visión de empresa y tu misión, pero si te parece te cuento cómo en este pasado 2020 —después de veinte años de trayectoria profesional— mi propia misión ha cobrado más fuerza que nunca.

El año pasado fue duro. El 13 de marzo nos pilló a todos por sorpresa y nos encerró en casa. Recuerdo aquel día como si fuera ayer: llevábamos meses escuchando la noticia de que en China había brotado una nueva enfermedad, el gel hidroalcohólico volaba de las farmacias y viajar se había convertido en deporte de riesgo. Pero nunca habríamos imaginado la que se nos venía encima…

Estábamos en la playa, haciendo un picnic y construyendo una casita con madera de deriva, cuando escuché a la única mujer que paseaba por la orilla decir por teléfono en voz alta:

— Que sí, que me han dicho que vaya a casa, que no podemos estar en la calle, que es el primer aviso, que la siguiente me ponen una multa.

La Ertzaintza había advertido a aquella mujer de que no podía estar allí y que debíamos volver todos a casa. Recogí el bizcocho y el zumo casero que amorosamente había preparado para mis hijas y les pedí que apretaran el paso a casa.

 

Al entrar por la puerta tuve una sensación de alivio, como cuando jugábamos a alturitas y corriendo te subías a un banco y ya no te podían pillar. Me sentía en casa y me sentía segura, allí ya nada malo podía pasar…

Las semanas posteriores fueron complicadas. Del alivio pasamos al agobio. Tuvimos que traer los ordenadores de la oficina a casa para trabar como podíamos.

 

Y entonces la conciliación se complicó. De la noche a la mañana, además de padres teníamos que ser trabajadores, profesores, monitores de ludoteca y animadores de fiestas. Todo esto bajo una nube de miedo e incertidumbre. Para mayor regalo, una piedra en el riñón me tuvo con dolores tipo parto durante seis días y sus seis noches. Solo los baños calientes, el secador de pelo apuntando a mi riñón y un buen cóctel de pastillas aliviaban algo el dolor.

El miedo limita la creatividad: 

No os voy a engañar, mi creatividad se fue al garete. Me ponía delante del ordenador y los archivos los veía blancos, no brotaba una sola idea. Y no solo por el cólico. Era todo lo que estaba pasando.

Todo lo que hacía, mi trabajo, de repente me parecía absolutamente BANAL. Había desaparecido mi misión y mi visión. No sabía cómo ayudar o qué aportar para que la situación que estábamos viviendo mejorara. Diseñar logos, hacer cosas bonitas, de repente parecía de lo más superficial. Me apunté a una lista de voluntarios del ayuntamiento para coser mascarillas para la población. Cosí más de 75, pero eso no despertó mi creatividad. ¿Qué podía hacer yo, realmente, por los demás?

 

Fue primero una clienta y después otra reclamando sus encargos las que me hicieron despertar de ese letargo y ayudarme a darme cuenta de que lo que hacía no eran simples logos, sino dar forma a sus proyectos.

Branding mucho más que un logo: 

Siempre había defendido que el branding era mucho más que un logo, pero nunca antes lo había visto tan claro: “Lucía, necesito que mi proyecto vea la luz, porque mis clientas necesitan mis servicios para sentirse mejor”…

Así, los proyectos se fueron sumando: una era psicóloga; otra era coach especializada en gestión del miedo; otra trabajaba con aceites esenciales orgánicos que ayudaban a tener una vida mejor; otros lanzaban un proyecto de comida a domicilio; otros, nutricionistas con consejos para comer mejor en casa… Y un largo etcétera.

Todas estas personas estaban reenfocando sus negocios de manera honesta para aportar un beneficio en la situación que estábamos viviendo. Lo hacían con ilusión y con ganas, y eso me ayudó a reconectar con lo que yo aportaba. Yo tenía las herramientas para materializar sus sueños. Yo conseguía que sus proyectos fueran reales. 

Me di cuenta que, con mi trabajo, apoyando y acompañando sus proyectos, ponía mi granito de arena para que el mundo fuese un lugar mejor.

Cómo cambiar tu visión para encontrar tu misión:

Así que ese despertar hizo que mi visión y mi misión para este 2021 cambiasen.

Ya no solo valía con hacer cosas bonitas o proyectos atractivos, sino que podíamos ayudar, desde mi estudio, a que proyectos honestos con propósito pudieran ver la luz con una identidad y una plataforma competitivas, para hacer que este mundo incierto se convirtiera en un mundo cada día mejor.

 

Estoy segura de que tú también puedes encontrar la visión que convierta tu trabajo en algo que de verdad merezca la pena. En algo que aporte un valor a tus clientes, a tu entorno, a la sociedad. Cuando encuentres este propósito profundo de tu marca, no lo sueltes, porque de verdad te va a ayudar a disfrutar con tu trabajo y crecer.

Ahora, dime, si te paras a pensar en tu marca, ¿tienes ya clara cuál es esa misión de la que estoy hablando? No te cortes, y cuéntamelo en los comentarios

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